El astronauta de Bohemia, Jaroslav Kalfar.

14.6.2017

2018: Un astronauta, llamado a convertirse en héroe nacional de la República Checa se enfrenta a la soledad cósmica interpelado por fantasmas familiares, sentimentales e históricos.

 

Bailando con el límite genérico que separa la alucinación realista de la ciencia ficción, y a través de una más que decente urdimbre narrativa, el autor describe la lucha (interna) del individuo frente a la pérdida de sentido biográfico y colectivo, la amenaza de ruina de la memoria y la precariedad de nuestro paso por el mundo:

 

«Allí se había conservado una buena parte del reino de mi abuelo. Y con algunas herramientas adicionales, yo volvería a convertir aquel cobertizo en un centro de producción. Fabricaría una mesa y unas estanterías nuevas, y dotaría a la cama individual de una nueva estructura de madera. Podía arrancar las moquetas mohosas y las baldosas del cuarto de baño, derribar las paredes empapadas de orina, sustituir cables eléctricos e instalar fontanería interior. Tiempo no me faltaba. Ni tampoco paciencia. Extirparía cada órgano y los arrojaría al vertedero a toneladas. Sería un artista que restaura su propio cuadro, que rejuvenece unos colores que antaño había visto radiantes. Sería el cirujano plástico de la historia. Retendría a los fantasmas y les refrescaría la fachada»

 

Jugueteando con bastante solvencia por vericuetos morales, Kalfar explora las ambiguas diferencias entre la justicia y la revancha, así como la banalidad de los odios ideológicos y la contaminación de la memoria histórica. Todo ello sin dejar de lado los chirridos entre la pasión romántica y la cohabitación en pareja, el conflicto de la realización masculina (supuestamente épica) que atropella la realización femenina (supuestamente lírica) y de la mujer que se rebela con la más sencilla autoafirmación. Todo ello sin perder un fino sentido del humor negro que se me antoja muy propio de la literatura (geográficamente) bohemia:

 

«La muerte en el Espacio sería breve. Me mantendría consciente durante diez segundos, diez segundos en los que los gases de mis pulmones y mi sistema digestivo ocasionarían una dolorosa expansión de los órganos y, en consecuencia, el colapso de los pulmones y la liberación de oxígeno en mi sistema circulatorio [...] La cianosis me volvería la piel azul, la sangre me herviría y la boca y las cavidades nasales se congelarían hasta que, al fin, el corazón dejaría de funcionar, lo que haría de mí un cadáver exquisito, un Pitufo seco y gaseoso en el altar de la Vía Láctea»

 

Profundo y divertido, emotivo y cerebral, escrito por un buen estudiante de Kafka, de Lem y quizás también de Hasek. Un libro para leer con Stars de Brian Eno merodeando por el salón.

 

 

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