Al atardecer

 

Minwoo Park es un hombre de unos sesenta años y es el director de un prestigioso estudio de arquitectura. Se crió en un barrio marginal de Corea del que desde pequeño tuvo muy claro que quería huir y lo consiguió a costa de destacar en los estudios (claro ejemplo de superación de clase). Frente a él nos encontramos con Woohee Jeong, una joven que compagina su sueño de ser directora de teatro con un trabajo de diez horas en una tienda de alimentación y que vive en un sótano mohoso, come restos de la comida de la tienda y se le cae el pelo a causa da la falta de sueño y alimento. Entre ambos personajes hay un reguero de víctimas, abusos y personajes secundarios, invisibles, que se dejan entrever durante toda la narración. Es el caso de Soona, un personaje que se visibiliza y cobra importancia a medida que avanza la novela y que adquiere voz gracias a Woohee, con la que mantiene una relación de amistad muy especial.

La novela trata las consecuencias y costes de la modernización, así como la precariedad de la juventud y las dificultades que vivían antes y ahora.

A través de las diferentes perspectivas y del estilo realista de la narración se nos instiga a pensar en qué medida somos responsables y asumimos nuestra participación y responsabilidad dentro del sistema.

 

«Cuando era joven no veía el mundo de manera cínica. Comprendía a los que luchaban contra lo que no era correcto, pero al mismo tiempo, gracias a mi autocontrol para convencerme de que debía aguantar, me perdonaba el no involucrarme. Con el paso del tiempo, se convirtió en una especie de resignación habitual...».

 

Edita Alianza Editorial y traduce Laura Hernández Ramos y Lee Eun Kim. 

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