La pianola, de Kurt Vonnegut

13.7.2017

 

Divertidísima primera novela del genial Kurt Vonnegut, uno de los abuelos cachondos de la literatura americana contemporánea; muso, sin duda, del Gaddis de Agape se paga.

 

En esta sátira clarividente el autor describía -en 1952- un mundo en el que la tecnología ha alcanzado tal desarrollo que las máquinas hacen prácticamente innecesaria la mano de obra humana. En estas circunstancias, a excepción de una élite dirigente de ejecutivos e ingenieros, la gran masa se dedica a insulsos trabajos precarios, según una escala basada en el coeficiente intelectual, quedando para los cerebros más rudimentarios las campañas militares.

 

En este contexto, Vonnegut afila su pluma-bisturí para diseccionar los usos y costumbres de una sociedad vanamente elitista, la ruindad de los privilegiados, la inconsistencia de las masas empoderadas, la fatuidad de los líderes revolucionarios, la mezquindad de los trepas y, en fin, el tedio vital y la ridiculez de una humanidad condenada a convivir consigo misma.

 

Después de haberse despachado a gusto con la injusticia y las desigualdades sociales, el autor lleva la crítica al extremo para mostrarnos las dos caras de las revoluciones de origen mesiánico encabezadas por privilegiados aburridos de la buena vida fácil que movilizan a una masa informe y descerebrada. Un clásico de la autocrítica progresista; diagnósticos acertados, remedios catastróficos; porque:

 

«-El juego más fascinante que hay, es impedir que las cosas sigan como están.

 

– Si no fuera por la gente, la maldita gente…»

 

Todo ello sin dejar que se apague ni un instante la llama satírica y con un tiernísimo sentido del humor que hace tolerable la contemplación crítica de los propios defectos con una media sonrisa condescendiente. Porque es prácticamente imposible leer esta obra sin encontrar a cada paso actitudes reconocibles en uno mismo, en los demás y en las tendencias de moda (vuelta a la sencillez de la vida en el campo, incluida).

 

Por si no lo había dicho, la obra se escribió en 1952… increíble.

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